Relatos de sexo entre madres e hijos

Juegos de madres e hijos

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El contacto con la tela me hizo retirar la mano. Aquello podía convertirse en un desastre pero hacía tanto que no tocaba nada igual que deseaba hacerlo. Volví a mirar su cara y volví a ver que dormía.

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Como una insensata muy temeraria, decidí proseguir con aquello. Devolví mi mano al lugar del que la había quitado y, con mucho cuidado, colé mi dedo corazón bajo la goma. Estiré el brazo un poco y conseguí cogérselo con la mano.

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Coloqué mis dedos corazón e índice en su prepucio y lo retraje para dejar al aire su glande. Aquello era genial.

Toqué con mis dedos la suave bolsa que protegía sus testículos. Sus piernas cerradas me impedían agarrarlos por lo que, con muchísimo cuidado, empujé la pierna que me impedía llevar a cabo mi propósito hasta obligarla a retroceder un paso. Sus testículos se amoldaban a la perfección al hueco de mi mano cerrada sobre ellos. Pude notar como, poco a poco, se iba poniendo tieso e iba cambiando de dirección hasta apuntar directamente a la cabecera de la cama.

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Casi sin respirar, a punto de sufrir una taquicardia, fui levantando mi mirada. Un sudor frío recorría mi espalda mientras miraba su pecho, su cuello y, finalmente su cara. La sangré se me heló y me preparé para lo peor. Mi hijo, al que tanto quería, se había despertado. Sergio me estaba mirando y, para mi desconcierto, me sonreía. No dijo nada pero la mano que descansaba libre sobre el colchón se movió hasta mí y tocó uno de mis pechos. Me quedé estupefacta. Me separé de mi hijo y me senté sobre la cama para quitarme el camisón y el sujetador que llevaba puesto.

El se dejó hacer y yo me senté a horcajadas sobre sus piernas.

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Agarré sus muñecas y se las coloqué encima de la cabeza. Él, mientras yo manipulaba su posición, aprovechó que mi gesto me obligó a agacharme sobre él para levantar la cabeza y besarme un seno. Aquello me hizo muy feliz. Cuando estuvo colocado en la posición que yo deseaba, le levanté la camiseta todo lo que pude y contemplé lo que había creado. Mi hijo, con el pecho descubierto y la punta de su pene asomando por el borde de su calzoncillo, me miraba aguardando a lo que yo pudiese hacer.

Chupé sus dos tetillas, lamí su esternón e introduje mi lengua dentro de su ombligo. Mi columna no me dejaba seguir bajando debido a la postura en la que estaba por lo que me aparté a un lado. Pasé la lengua por la hilera de pelos que antes me había marcado el camino a seguir para llegar al pene de mi hijo. Menudo gemido se le escapó, menos mal que no había nadie por allí cerca que lo pudiese oír.

Lamí todo lo que quedaba a mi alcance, ensalivando bien su frenillo y recogiendo con mi lengua la saliva que sobraba. Cuando aquello me pareció demasiado poco, dejé de lamer e introduje mis dedos índices bajo la goma de la prenda que tapaba su cintura. Tiré hacía bajo y su pene quedó libre. Separé sus piernas lo suficiente como para que mi antebrazo se posase en el hueco dejado por ellas y mi mano alcanzase sin problemas sus testículos.

Acerqué mi boca a la base de su pene y, con la puntita de mi lengua, lo lamí muy despacio hasta llegar a su otro extremo. Nunca antes había tenido entre mis labios un miembro de hombre que supiese tan bien.

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No puedo decir a que sabía, simplemente era indescriptible. Encantada por lo que estaba probando y decidida a dar un mayor placer a mi hijo, agarré su pene con la mano que me quedaba libre y cubrí su glande con mis labios, envolviéndolo suavemente con ellos.

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Se lo lamí de arriba abajo, de un lado al otro y de todas las maneras que se me ocurrieron. Poco a poco, mis labios fueron bajando por su pene hasta que conseguí que mi nariz se posase sobre su ingle. Me costó un poco lograr que entrase tanto pero, con un poco de autocontrol, lo conseguí.

Cuando me hube acostumbrado a tener el pene de mi hijo en la garganta, me lo saqué de la misma manera que me lo había metido, lentamente y dejando que mis labios se deslizasen sobre él hasta tocar con ellos el meato urinario. Otra vez, igual de despacio, volví a abrir la boca y a dejar que entrase en ella hasta que mi nariz volvió a posarse sobre su ingle.

Olí la entrepierna de mi hijo y me embriagué con su olor antes de levantar de nuevo la cabeza. Mi hijo suspiraba y yo disfrutaba sabiendo que él se lo estaba pasando bien. Estaba dispuesta a seguir con aquello hasta que él se corriera pero, cuando los suspiros comenzaban a parecer gemidos, se incorporó con toda la delicadeza del mundo y me impidió continuar.

Me levanté para mirarle sin saber por qué había hecho eso y lo que me dijo me llenó de cariño. Me quitó las bragas y se colocó entre mis piernas. Volví a hacerle caso. Noté como apoyaba sus manos en mis muslos y me separaba un poco las piernas. Imaginé que iba a penetrarme pero me llevé una sorpresa.

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En lugar de sentir su miembro abriéndose paso por mi vagina. Sentí que lentamente los separaba y sentí la humedad de una lengua que se metía allí dentro. Su madre lo ve estudiando pero tiene otros planes para él. El chico se hace un poco el tonto, pero Su madre estaba en la ducha, al verla el chico se pone bastante cachondo. Al final toma Dos vídeos porno en uno.

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Pero hasta el punto de ser tan complaciente como para dejar que se aproveche de ella Esta mujer madura sabía que solo podría follar con su hijo si lo emborrachaba. Es por ello que se pasó toda la tarde ofreciéndole copas hasta que al final estaba completamente Cuando un hijo se acerca a su madre no suele ser con la intención de buscar sexo, simplemente porque necesita el consuelo materno. Pero esta madura no lo entendió así, creyó Le costó un buen rato a esta vieja folladora seducir a su hijastro.

El chico, por el gran respeto que le tiene a su padre, no quería hacer nada con ella. Si que tenía ganas No se porqué cojones se casó esa zorra con mi padre, ya que solo folla conmigo. Me utiliza como objeto sexual y me chantajea, es una auténtica zorra. Entra en la habitación sin avisar y ahí estaba, la mujer